Aquí en Poza Rica, estaba un charrito montado en una bimba, justo en la esquina de la Av. H.K.V y la Calle 2 Oriente

Ahí estaba un pozo petrolero y aun en los años 80´s seguía una bimba activa que rechinaba sin cesar las 24 horas del día, algo que ya pasaba desapercibido para los que nos pasábamos el día en el centro de la ciudad.

A un costado estaba la cruz roja años atrás de los 80´s y hoy sigue siendo una de las papelerías más antiguas de la ciudad.

Se llamaba Álvaro Sánchez Otelo, era un hombre –así lo describen- de poco más de un metro de altura con una deformidad remarcada en las piernas. Parecía que se había bajado del caballo sin darse cuenta. Para muchos en la actualidad sería un estereotipo dañino del mexicano promedio.

Sin embargo, a finales de los años cuarenta, tras la expropiación del petróleo, se convirtió en una imagen institucional de una de las empresas nacionales más importantes del país. El Charrito de Pemex se convirtió durante años, en una mascota humana que terminó su vida en la mendicidad pidiendo limosna en las calles de la Ciudad de México.

¿Quién fue antes?

A ciencia cierta, parte de la magia en la historia de “El Charrito de Pemex”, corre desde el desconocimiento del dato certero que ubique quién fue primero.

Es probable que el dibujo fuese diseñado primero y este sujeto haya aprovechado con gran astucia su parecido al dibujo que aparecía en toda la publicidad del queroseno –el combustible para quinqués y estufas de la época por excelencia- de la época. También existe la posibilidad de que este peculiar sujeto inspirase a algún poco virtuoso dibujante y guiase sus trazos hasta la conformación de una caricatura del mexicano.

Queroseno, el combustible maravilla

Imagine una época en la que electricidad era un lujo que pocos se podían dar en las casas, en la que las tecnologías aún no llegaban al grueso de la población y en la que los menos adinerados tenían que ingeniárselas para salir adelante día a día.

Aunque se sorprenda no le hablo del presente. Esto también ocurría en 1948 (y antes y después), por lo que la gente de menos recursos debía administrar de la mejor forma sus escasos recursos.

En ese entonces el líquido maravilla se llamaba queroseno, petróleo diáfano o morado. Este líquido servía igual para iluminar las estancias en las noches (en lámparas llamadas quinqués), para cocinar en estufas –que Pemex también ofrecía por 25.50 pesos-, para exterminar cucarachas, piojos e incluso, para trapear el piso.

Era un producto que Pemex expedía a la par de la gasolina. El litro costa tan sólo 15 centavos, a diferencia de la Mexolina y Super Mexolina –exclusivas para los vehículos- de 45 y 55 centavos respectivamente.

La historia de la Mexolina aquí.

El Charrito

Hay quienes aseguran que Don Álvaro contaba con un sueldo y apoyo de parte de Pemex para fungir como imagen de la empresa. También se asegura que se le veía vendiendo el producto que portaba –si no su imagen- algo parecido a ella.

Lo cierto es que esta teoría queda en entredicho cuando se abordan los últimos años de su vida. Cerca de los noventa, se le veía mendigando unas monedas por avenida Juárez en el entonces Distrito Federal. Aún enfundado (como romántico imposible) su traje de charro mexicano y aún más pequeño que en épocas postreras, evidentemente envejecido.

De ser cierto que fue imagen y mascota de Pemex de forma oficial, este final inesperado podría contradecir la teoría. De ahí que su existencia sea uno de los mitos más grandes en la historia del combustible nacional.

¿Quién era este hombre?

Existe una teoría (con tintes de mito) que dicen que Álvaro era oriundo de Salamanca, Guanajuato. En 1950 se inauguró la refinería de Pemex en este lugar. Sin embargo, para 1948, se dice que el personaje de “El Charrito” ya comenzaba a hacerse un nombre a nivel nacional.

Para ese entonces, ya funcionaban las plantas de Pemex en Atzcapotzalco, Poza Rica, Tampico y Minatitlán. De ahí que la teoría de que –efectivamente- este sujeto contase con un patrocinio oficial de la petrolera, tome tanta fuerza.

De los años posteriores se pierden los datos. Excepto los relatos y fotografías de muchas personas –que abundan- y afirman haberlo visto en las calles del centro de la capital.

Una de sus últimas fotografías data de 1987. En algún momento cercano a 1990 murió, según dicen, en condiciones deplorables, en un constante olvido, aunque siempre aferrado a su personaje.

Fuente: www.atraccion360.com

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