Roberto Gavaldón 1953

Película dirigida por Roberto Gavaldón, Producida por Jesús Grovas con un Guión de Edmundo Báez y Roberto Gavaldón que es una adaptación de la obra de Rodolfo Usigli.


Fotografía de Fotografía Gabriel Figueroa con las actuaciones de Dolores del Río, Alejandro Ciangherotti Jr. y Pedro López Lagar.

El Nino y la Niebla dvdFilmada en 1953, El Niño y la Niebla aborda la historia de Marta (Dolores del Río), una mujer con familiares esquizofrénicos y que se niega a tener descendencia para evitar transmitir la enfermedad a sus hijos. Cuando su novio le propone matrimonio, huye de la ciudad de México con el ingeniero de Pemex (López Lagar) quien ha encontrado trabajo en un remoto y aislado campo petrolero: Poza Rica.

A pesar de no querer tener descendencia, Marta tiene un hijo (Alejandro Ciangherotti Jr.) por lo que vive obsesionada por la salud mental del chico y odiando al esposo por haberla embarazado.

 

Al paso de los años el antiguo novio de Marta llega a Poza Rica a supervisar una modificación técnica que el esposo de la protagonista ha desarrollado para aplicarla a las barrenas con las que Pemex perfora sus pozos. Este hecho va a complicar las ya de por sí difícil situación de la familia.

El niño y la Niebla obtuvo excelente crítica en su tiempo y representó a México en el Festival de Cannes en 1954, además ganó los más importantes premios cinematográficos de aquel año pues obtuvo 8 premios Ariel, entre ellos mejor película, mejor actriz, Dolores del Río y actor revelación (Ciangherotti Jr ).

Este filme, con locaciones en Poza Rica, es considerada como una de las más representativas del género conocido como “cine negro”, de influencia norteamericana, muy distinta al cine que se producía en la época de oro del cine mexicano.

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La reseña y los puntos de vista

La trama de El niño y la niebla inicia cuando la madre y los hermanos de Marta (la protagonista)
enloquecieron. Ella huyó de la Ciudad de México para no volverlos a ver e iniciar su vida al lado de un
hombre, sin embargo, su gran temor era tener un hijo, ya que era muy probable que éste heredara la enfermedad
mental de sus familiares. Al poco tiempo de casada Marta quedó embarazada y trató de abortar, pero Guillermo,
el esposo, se lo impidió. Cuando Daniel nació, Marta comenzó a observarlo detenidamente en busca de algún
síntoma de la enfermedad mental que había atacado a sus parientes. El niño y la niebla es una de las mejores
obras de teatro de Rodolfo Usigli, escrita en 1936 y estrenada en 1951. Por aquellos días, el autor era jefe
de la Sección de Teatro en el Departamento de Bellas Artes y su trabajo había alcanzado una notable fama
gracias a El gesticulador, polémica obra estrenada en 1947 donde mostraba la hipocresía intrínseca al aparato
político posrevolucionario; pieza que obtuvo mayor fama gracias a que la censura estatal la limitó a una
breve temporada. Cuando Usigli estrenó El niño y la niebla el éxito fue notable, estuvo durante ocho meses en
el Teatro del Caracol, tuvo 450 presentaciones y el autor obtuvo doce mil pesos de ganancia, logros nunca
antes vistos en el naciente teatro mexicano. El éxito de esta obra fue tal, que Roberto Gavaldón, uno de los
más connotados directores de la llamada Época de Oro del cine mexicano, decidió adaptar dicha obra a la
pantalla grande en el año 1953. Para este momento, Gavaldón había dirigido veinte películas, entre ellas La
barraca (1944), La diosa arrodillada (1947), La casa chica (1949) y El rebozo de Soledad (1952), por
mencionar las más conocidas. El equipo detrás de El niño y la niebla fue notable: Gabriel Figueroa como
fotógrafo, el papel protagónico estuvo a cargo de Dolores del Río y la musicalización fue realizada por Raúl
Lavista. La calidad de esta película se tradujo en los ocho premios Ariel que obtuvo en 1954.

El niño y la niebla ha sido analizada por críticos tanto de teatro como de cine. Desde un punto de vista
teatral, la pieza en cuestión tiene el mérito de que sus personajes viven complejos conflictos psicológicos
en el marco de una notable profundidad dramática que contrasta con la amena sencillez de la estructura
narrativa [Beardsell, 2002; Argudin, 1985 y Del–Río, 1993]. Por su parte, la crítica cinematográfica ha
señalado a esta película como una de las más representativas del género conocido como "cine negro", de
influencia norteamericana, el cual aparece diseminado a lo largo de la extensa producción de Gavaldón [Mino
Gracia, 2007 y Espinasa, 2005]. Este artículo es un experimento que pretende hacer un análisis en el que se
triangule una obra de teatro, una película y la historiografía de la locura y la enfermedad mental. ¿Cómo
establecer dicho vínculo? Partamos de un referente ofrecido por la historiografía del cine. Dicho campo de
investigación, mucho más extenso —para el caso mexicano— que la historiografía del teatro, nos ha mostrado
dos maneras posibles para el abordaje de las fuentes filmográficas. Por una parte, las películas son la
construcción de un equipo de especialistas (camarógrafos, fotógrafos, guionistas, escenógrafos, productores,
etc.), quienes están insertos en una industria cultural que maneja códigos, imaginarios, intereses, valores y
prejuicios que se ven plasmados en sus producciones. Este tipo de análisis, más cercano a la historia social
de la industria cinematográfica, busca profundizar en las redes sociales y culturales que inciden en la
producción de cada película y moldean su contenido.2 Por otra parte, existe una ruta analítica que busca la
relación entre la película y el público receptor. Toda película es resultado de su momento histórico y tiene
como fundamento las características culturales propias de su contexto [Kracauer, 2004; Gabard y Gabard,
1987]. En consecuencia, las películas plasman, a través de historias y personajes, valores, prejuicios,
intereses y referentes culturales propios de su momento histórico, por lo tanto, la historiografía del cine
nos ha enseñado que las películas, en tanto fuente, se convierten en una ventana para poder aproximarnos al
pasado de la industria cinematográfica y a la sociedad en la que se gestó dicha industria.

A la hora de abordar el vínculo cultural entre una película y el contexto social que la genera, han aparecido
notables investigaciones, para el contexto mexicano, que han señalado la forma en que las relaciones de
género, los modelos tanto de masculinidad y feminidad, propios del México posrevolucionario, se hicieron
evidentes en el cine de la Edad de Oro [Tuñon, 1998, 2000]. En el campo de la salud, la historiografía ha
analizado algunas películas mexicanas, tanto documentales como de ficción, que reproducen imaginarios
hegemónicos sobre las nociones de salud y enfermedad, además del papel del médico y la medicina tradicional
[Gudiño, 2009; Tuñon, 2005]. De manera particular, para el caso de la enfermedad mental, el artículo "La loca
and Manicomio" ha analizado las representaciones de la locura femenina en el cine mexicano y la relación con
las nociones de locura y enfermedad mental propias del momento histórico [Ríos Molina, 2006]. La importancia
del cine y del teatro en la historiografía de la locura radica en que dichas expresiones culturales han
desempeñado un papel determinante en el proceso que hemos denominado la "psiquiatrización de la cultura".
Dicho proceso tiene que ver con la forma en que el saber psiquiátrico ha logrado penetrar en la cultura
moderna moldeando maneras de clasificar los comportamientos, actitudes y pensamientos considerados como
anormales. Conceptos provenientes de la psiquiatría como psicosis, neurosis, depresión, demencia, manía,
histeria, por poner sólo unos cuantos ejemplos, han sido incorporados plenamente en el vocabulario de la
sociedad occidental. En dicho proceso, los medios de comunicación, la literatura, el teatro y el cine han
desempeñado un papel relevante en la masificación y circulación de imaginarios en torno a las enfermedades
mentales. Imaginarios que no necesariamente se apegan a los referentes científicos sobre las psicopatías,
pero que están enriquecidos y moldeados por el contexto cultural [Ríos Molina, 2008:82–83].

Si bien analizar el papel del cine y el teatro en el mencionado proceso de psiquiatrización de la cultura es
una tarea de gran envergadura que rebasa los límites de este ensayo, nos concentraremos en el análisis de las
ideas, símbolos y valores relacionados con la locura hereditaria, el sonambulismo, los manicomios y la figura
del psiquiatra en El niño y la niebla. Sin embargo, para comprender la relevancia analítica de esta obra es
necesario comenzar por una exposición de las características del contexto teatral y cinematográfico, ya que
el marco histórico nos permitirá dimensionar la relación de dichos imaginarios con las ideas sobre la
enfermedad mental de aquella época.

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