Libro de la periodista Elvira Vargas, una de las primeras reporteras del país quien en 1938, antes de la expropiación, visitó Poza Rica, campo de la compañía El Águila asentado en el municipio de Coatzintla, Veracruz.
Vargas trabajó para el diario El Nacional del que fue jefa de redacción, también laboró en la cadena García Valseca, Novedades, Revista de Revistas y Siempre. (1)
De acuerdo al historiador Mario Román del Valle (2) La periodista llegó al campo petrolero el 6 de febrero de 1938.

El reportaje se publicó el 12 de febrero siguiente y en ella la comunicadora destacó: "En la loma (donde viven los americanos), todo está bien distribuido y orientado, destacando su saneamiento, comodidad y salubridad. Sobre la tierra baja, en cambio, se observan lotes de chozas apiñadas y miserables, rodeadas de cunetas pantanosas, por las que corren las aguas negras provenientes de la aristocrática colonia americana. En esas chozas es donde viven los trabajadores.

Y ellas hacen ver, también, la miseria, la mugre y los focos de infección y enfermedades…Desde el campo de aterrizaje, donde un nutrido grupo de trabajadores espera, hemos de seguir hasta el campamento y hasta los bungalows, dejando a la derecha la colonia etíope, como llama con escarnio al manchón negro de chozas, el explotador extranjero.

ELVIRA VARGAS RIBERA distinguida por su agudeza y la calidad de sus reportajes, Elvira Vargas Rivera fue reconocida como la primera mujer periodista de México. Su trabajo respondió a la lucha por un país mejor y por la justicia a favor de las mujeres.


Su sentido de la justicia llevó a las paginas de los periódicos la realidad de los trabajadores petroleros y la realidad de las condiciones de las y los indígenas de Chiapas antes que a fines del siglo XX fueran noticia internacional.

En etapa estudiantil Elvira Vargas adopta el Vasconcelismo como ideología, lo que la hace cuestionar desde la izquierda el quehacer cotidiano, lucha en sus años de preparatoria por la autonomía universitaria.
Su ejercicio profesional del periodismo está marcado por la convicción de que el compromiso de las y los periodistas es denunciar la opresión e injusticia en que viven muchas personas.

Como periodista y la única mujer que cubría la fuente presidencial, Elvira Vargas Rivera cuestionó al ex presidente Lázaro Cárdenas sobre cuándo obtendrían las mujeres derechos ciudadanos plenos para que abandonaran la minoría de edad en la que vivían.

Elvirita, como era conocida en el medio, ingresa al periodismo en 1931 como redactora del periódico El Nacional, más tarde El Universal publica su trabajo y tras sus reportajes sobre los trabajadores del petróleo y la expropiación petrolera regresa al El Nacional como jefa de Redacción.

Vargas fue columnista de la Cadena García Valseca de 1946 a 1952; a los 51 años de edad inicia su trabajo como colaboradora del periódico Novedades y en 1959, cuando se funda La Tarde es reportera y formadora, hasta llegar a la Jefatura de Redacción y transitoriamente la dirección.

elvira vargas 01Nació en Tlalpujahua, Michoacán el 28 de diciembre de 1908, hija de María de Jesús Rivera y Joaquín Vargas. Se traslada a la ciudad de México a cursar la preparatoria la cual abandona al no tener recursos económicos para su manutención e ingresa a trabajar en un despacho de abogados.

Fueron muchas las exclusivas que ganó. Su misma astucia, experiencia y hasta suerte influyeron en que ganara notas de primera plana. Un ejemplo es la manera en que logró entrar a la habitación donde agonizaba el ex presidente de México Plutarco Elías Calles:

“Yo iba en un automóvil y el chofer me dijo que acababa de dejar a unos señores en el hospital porque Calles estaba muriendo, le pedí que me llevara inmediatamente. Cuando llegué, claro, no me dejaron entrar, conseguí con un político colarme como su secretaria. Los pasillos estaban repletos de gente importante. Me fui separando para seguir a un amigo que me prometió indicarme dónde era el cuarto del caudillo, cuando lo supe me metí, así como así…, allí estaba él… traía una pijama rosa… su cara pálida, demacrada, desmentía la fuerza indomable del hombre fuerte de México… lo rodeaban gladiolas en los burós… sobre su pecho una mancha de agua sangre enchinaba el cuero… de pronto se abrió la puerta y entró la familia. Calles había muerto.”

La muchacha atrevida no se dejó llevar por el sentimentalismo, característica tradicional asignada a las mujeres, sino que mostró autodisciplina y profesionalismo, fue en busca del suceso noticioso y lo encontró, a esto se le llama olfato periodístico, por eso fue una reportera en todo el significado del término.

El 5 de diciembre de 1935 publicó la noticia de lo acontecido en un pueblo de Jalisco, cerca de doscientas personas, a las que ella calificó de “fanáticos”, persiguieron, torturaron y dieron muerte a un grupo de profesores, tanto hombres como mujeres, que se habían unido al apostolado de Vasconcelos de difundir la educación por todo el país. Sensible a la condición femenina dio voz a varias maestras, aspecto que sus compañeros de oficio no tocaron en caso de reportear el mismo suceso:

María Guadalupe de la Garza, maestra rural en San Jerónimo, Ayo el Chico, Jalisco, modestamente vestida, la cabeza cubierta con un chal negro, aun impotente para contener las lágrimas nos dijo:

Mi hermana María Elena y yo fuimos víctimas de doscientos bandoleros que atacaron nuestra casa, la que defendimos hasta el último momento; pero al fin, durante la noche, nos sacaron y golpeándonos siempre, diciéndonos que éramos ateas, con tratos con el diablo, nos llevaron al monte. Mi hermana estaba a punto de ser madre. En medio de la oscuridad y bajo la lluvia, en una noche que no olvidaré nunca, fuimos atropelladas por varios individuos. Después de habernos golpeado y humillado tanto, el jefe de la banda ordenó a cuatro individuos que nos fusilaran. La oscuridad me protegió y pude correr entre la yerba, herida, hasta unos surcos y taparme con tierra. Mi hermana Elena, a punto de dar a luz, pereció asesinada y cuando encontramos el cadáver, la habían abierto desde el pecho hasta el vientre en forma de cruz y la habían mutilado horriblemente.
María Guadalupe no puede, cuando relata estos hechos, contener los sollozos. Alrededor de ella, un grupo de periodistas y de maestros rurales sentimos la tragedia viva de estos apóstoles de la revolución.

Otra exclusiva noticiosa que trabajó esta periodista mexicana fue la situación de los petroleros en Veracruz. Recorrió el campamento e investigó los antecedentes del mismo, su situación financiera, sus ganancias y las comparó con el sueldo de los trabajadores. Le dio voz tanto a ellos como a los dueños y confrontaba declaraciones.

En ciertas escenas de sus reportajes Elvira Vargas no perdió de vista a las mujeres. Su sensibilidad hacia la condición quedó al descubierto en cada texto que abordó la vida de las comunidades en los pozos petroleros.

En Cacalilao Cuatro, otro campo, otro infierno. Un grupo de más de doscientas mujeres se acercó a mí:

Nuestros hijos ya no son admitidos en la escuela de la compañía porque corrieron a nuestros maridos del trabajo por haberse sindicalizado. Cuando los muchachitos se acercan a la reja del campo, los guardias los detienen con la punta de las bayonetas
Desarrapadas, sucias, con el hambre dibujada en los rostros amarillentos y flacos, las mujeres de Cacalilao Cuatro, lloraron. En nuestra conciencia el sentido de la justicia se iba convirtiendo en el sentimiento de odio, un odio profundo.

Hacia unos meses que no tenían medios de sustento porque sus maridos quisieron formar agrupaciones para defenderse. Y junto a esta miseria, en el campo, el mismo panorama: jardines y casas en la colina, abundancia, limpieza, agua; abajo, miseria y mugre.

Después de varios años de seguir la noticia, como reconocimiento a su trayectoria tuvo el placer de tener su propio espacio periodístico, una columna que llamó “Multicosas” que se publicó en “Novedades” a partir de 1953. Sus acertados juicios e interesantes informaciones la convirtieron en una columnista respetado por los lectores y hasta temida por los políticos. Se cuenta que varias veces fue amenazada y ella respondía con toda serenidad: “Escriba lo que me dijo, fírmelo, me lo envía y yo se le publico con mucho gusto”.

Murió el siete de marzo de 1967 en la Ciudad de México, heredando la búsqueda por la verdad y la justicia, dándole voz a los sin voz a través de su quehacer periodístico en el que retrató miles de veces a las mujeres de México.

ELVIRA VARGAS, PRIMERA REPORTERA MEXICANA

Fuente:http://expedienteultra.com

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